Leo durmió en paz por primera vez en meses. Su habitación se transformó en un lugar seguro. James se volvió presente —no poderoso ni estricto, sino atento—. Y Clara dejó de ser “solo la niñera”. Se convirtió en familia.
Porque una mujer decidió escuchar cuando un niño dijo: “Me duele”.
Y a veces, esa decisión salva una vida.
