Una noche de viernes, después de que el último turno terminara, entró solo en la habitación 312-B y colocó discretamente una pequeña cámara escondida dentro de un ventilador, apuntando hacia la cama del paciente.
Luego salió de allí con una sensación helada — como si estuviera a punto de abrir una puerta que jamás debería abrir.
Final: La grabación y el pánico
A la mañana siguiente, el doctor Menezes regresó antes del amanecer.
Con el corazón acelerado, se encerró en su despacho y conectó la memoria con las grabaciones.
Durante varios minutos no ocurrió nada — solo se oía el zumbido de las máquinas.
Hasta que algo se movió.
