A las 3:42 de la madrugada, las luces de la habitación parpadearon.
Marcos, inmóvil durante años, abrió lentamente los ojos.
Sus brazos comenzaron a levantarse — rígidos, antinaturales.
El monitor cerebral mostró un pico de actividad repentino.
Pero lo que vino después hizo que Ricardo se apartara de la pantalla, horrorizado:
la figura de Marcos parecía dividirse en dos — una sombra translúcida, idéntica a él, se elevó del cuerpo y se acercó a la enfermera que dormía sentada junto a la cama.
La aparición tocó su hombro… y ella se estremeció, aún dormida.
Un resplandor azulado llenó la habitación — y segundos después, todo volvió a la normalidad.
Marcos seguía inmóvil, inconsciente.
