HIJO DEL MILLONARIO ERA SORDO DESDE QUE NACIÓ… HASTA QUE UNA NIÑA MENDIGA…

—Le voy a enseñar lengua de señas de verdad. Porque enseñarle señas no es rendirse… es darle una voz.

Ernesto intentó resistirse, pero una mañana los vio en el jardín con un trombón viejo y oxidado que Luz María había rescatado. Ella hizo que Mateo pusiera la mano sobre el metal y sopló. Mateo sintió la vibración, abrió los ojos como si hubiera descubierto un nuevo planeta. Luego empujó el trombón contra el pecho de Ernesto y le pidió que soplara.

Ernesto sopló. Mateo sonrió, sintiendo la vibración como música en la piel. Y allí, en ese instante, todas las barreras de Ernesto se cayeron.