—Señor… ella no está enfadada por sus limitaciones. Está enfadada porque siente que nadie la acepta como es.
Aquello lo desarmó. Álvaro había peleado contra diagnósticos, contra pronósticos, contra estadística. Pero nunca se había detenido a escuchar el corazón de su hija.
Carmen se aclaró la garganta.
—Hay una chica en la puerta. Pregunta por trabajo. Dice que tiene experiencia con niños con necesidades especiales… pero es diferente. No parece… no parece tener miedo.
Álvaro dudó, agotado de esperanzas que entraban y salían de su casa como sombras.
