LA HIJA DEL MILLONARIO NUNCA HABÍA CAMINADO — HASTA QUE ÉL ATRAPÓ A LA NIÑERA IN FRAGANTI HACIENDO ALGO INCREÍBLE

—Que pase —dijo al fin—. Pero no prometo nada.

Cíntia Silva entró con una calma que no pedía permiso. No se intimidó por la mansión ni por el desastre discreto del salón. Llevaba el cabello castaño recogido, ropa sencilla, y unos ojos que miraban como si estuvieran buscando a la persona, no al problema.

—Buenas tardes, señor Mendes. Soy Cíntia.

Álvaro no se molestó en ser amable.

—Voy directo. Mi hija no es fácil. Tiene siete años. Tiene limitaciones. La última niñera se fue hoy con la marca de sus dientes.