Emilio sonrió y le acarició el pelo.
—Sí —susurró—. Muy ricos. En lo que de verdad importa.
Lucas, medio dormido en el regazo de Daniela, abrió los ojos un momento y se acurrucó más cerca de su madre. Ella miró a sus hijos, luego a Emilio, y sintió algo que hacía mucho tiempo no sentía: paz.
Quizá el mundo seguía siendo complicado. Quizá todavía tenían miedos, dudas, días inciertos. Pero ahora no estaban solos.
Y, a veces, eso es todo lo que una familia necesita para empezar de nuevo.
Si crees que todos merecen una segunda oportunidad, y que ningún niño debería crecer sin amor, lleva esta historia contigo y cuéntala. Porque nunca se sabe en qué corazón va a despertar el deseo de cambiar.
