Millonario detiene su coche al ver a unos gemelos en la acera… y descubre un secreto que lo destroza

—No quiero tu dinero —dijo, mirándole a los ojos—. El dinero es fácil para ti. Quiero que seas su padre.

Aquellas palabras le golpearon más fuerte que cualquier titular que hubiera leído sobre sí mismo.

Así que lo intentó. Empezó a pasar horas con los gemelos: aprendiendo a darles de comer, a jugar con ellos, a calmarlos cuando lloraban. Al principio, los niños se mostraban tímidos, desconfiados. No entendían quién era ese señor elegante que aparecía de repente en sus vidas.

Pero, poco a poco, se fueron acercando.

Sin embargo, Daniela mantenía aún su escudo levantado. Ya la habían abandonado una vez. Tenía que estar segura de que esta vez él no saldría corriendo.