Millonario detiene su coche al ver a unos gemelos en la acera… y descubre un secreto que lo destroza

—Lo… lo siento —consiguió decir al fin. Y aun así, aquellas palabras le parecieron demasiado pequeñas.

Daniela se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—“Lo siento” no les quita el hambre —respondió con firmeza—. No les devuelve lo que han perdido.

Emilio entendió. Ya no se trataba solo de remordimientos. Ni de caridad.

Organizó para que Daniela y los niños se quedaran en una habitación privada del hospital. Contrató médicos, nutricionistas, psicólogos. Les compró ropa, les consiguió un pequeño piso temporal mientras buscaban algo mejor.

Pero unos días después, cuando puso un cheque de dos millones de euros sobre la mesa, Daniela lo empujó de vuelta hacia él.