—Él me salvó dos veces —dijo—. En el parque… y trayéndome contigo.
Jackson la abrazó, sintiendo que el dolor seguía allí, pero ya no era un pozo sin fondo. Era una cicatriz que, por fin, tenía sentido.
—No, cariño —susurró—. Tú me salvaste. Me diste una razón para seguir viviendo.
Detrás de ellos, a cierta distancia, Megan observaba con una sonrisa cansada, como quien por fin puede soltar una promesa guardada demasiado tiempo.
Emma miró la tumba una última vez y lanzó un beso al aire.
