—Yo no quería… solo escuché porque…
Ella lo tomó del brazo con fuerza.
—Escucha bien. Hay cosas que no te incumben. Si vuelves a meter la nariz donde no debes, vuelves a la calle. Y esta vez, sin perro. ¿Entendido?
Mateo la miró con una mezcla de miedo y rabia.
—Yo solo quería avisarle al señor Julián…
—No sabes ni lo que oíste —escupió ella—. Cuida tu imaginación, o te va a costar caro.
