“NO ENTRES A LA CASA, TU NOVIA TE TENDIÓ UNA TRAMPA” — GRITÓ EL NIÑO POBRE AL MILLONARIO…

Un día, Mateo la escuchó hablando a puerta entreabierta con un hombre al que reconoció por la voz: Ramiro Fuentes, socio de Julián.

—No debiste venir —decía ella en voz baja—. Si él sospecha…

—Tranquila —respondía Ramiro—. Ya firmaste lo que tenías que firmar. Cuando “el accidente” se produzca, todo quedará a tu nombre.

El corazón del niño latía tan fuerte que creía que lo iban a oír. El perro gimió, el piso crujió, y Verónica se quedó en silencio.

Poco después, subió al cuarto con los tacones resonando como martillazos.

—Abre, Mateo —ordenó.

El niño abrió con la cara pálida.