—Todo esto —dijo Julián, mostrando el edificio, las fotos, la palabra “Hogar Seguro” en letras grandes— empezó con un niño que me gritó en medio de la lluvia: “No entre a la casa, es una trampa”. Si hubiera seguido mi camino, hoy no estaría aquí.
El público guardó silencio. Algunos sabían la historia, otros la escuchaban por primera vez.
—Ese niño está aquí a mi lado —continuó—. Me salvó la vida esa noche… y también me la salvó después, cuando me obligó a ver quién era de verdad.
Mateo sintió un nudo en la garganta. Miró al hombre que antes solo conocía de los anuncios, ahora sin corbata, sin máscara.
Se inclinó hacia el micrófono, nervioso, y dijo:
