Abrió la puerta. El aire adentro era pesado. Al accionar el interruptor, un pequeño chispazo saltó del sistema eléctrico. Julián dio un paso atrás, instintivamente. Algo en su cuerpo, más rápido que su mente, le gritó que ahí había peligro.
Llamó al jefe de mantenimiento.
Minutos después, el hombre revisaba las válvulas con las manos temblorosas.
—Señor… esto no es una fuga normal. Las conexiones fueron aflojadas a propósito. Si alguien hubiese encendido una chispa… —calló, trago duro—. Habría sido un desastre.
La frase le golpeó con fuerza. Y entonces, como si viniera desde muy lejos, escuchó otra vez la voz del chico: “No entre a la casa, señor…”
