“Nuestra Mamá Murió Esta Mañana… No Tenemos a Dónde Ir”, Un Granjero Dice: “Ya Están En Casa…

Esa noche, cuando Ru se durmió con el pulgar en la boca y Alma vigiló a sus hermanas como si fuera la dueña del mundo, Tomás se quedó despierto con la carta quemándole el bolsillo. “¿Cómo decirle a Lía? ¿Cómo decirlo sin romperla?” pensó. Pero el invierno no perdona a los indecisos. Y Copper Creek tenía un hombre que creía que todo se compra: Ezequiel Worth, el terrateniente, el dueño de la tienda, el que convertía la necesidad ajena en deuda eterna.

Al tercer día, llegó el primer aviso: Silas, el pastor de ovejas, apareció con su carreta y una sonrisa que se le congeló al ver a las niñas.

—En el pueblo dicen que recogiste crías en la nevada —murmuró—. Worth mandó preguntar si necesitas ayuda… o si vas a vender.

Tomás apretó el marco de la puerta.

—Dile a Worth que aquí nadie está en venta —escupió.

Cuando Silas se fue, Alma preguntó en voz baja:

—¿Quién es Worth?