“Sí necesitan.”
La frase no fue cruel. Fue verdadera. Él la miró directo a los ojos.
“Los escuché. Y nadie debería pasar Navidad con hambre. Especialmente un niño.”
Se agachó a la altura de Mateo, con una sonrisa suave.
“Hola. Me llamo Sebastián.”
Mateo se escondió detrás de la pierna de su mamá, pero miró de reojo.
“¿Cómo te llamás?”
Silencio.
