Más tarde, cuando Mateo ya estaba con chocolate en la mejilla del postre, Sebastián preguntó al fin, con respeto:
“Lucía… ¿cómo llegaron a esto?”
Y Lucía contó. La madre muerta. Los trabajos perdidos. El hospital. El desalojo. El padre que se fue cuando Mateo era bebé y nunca volvió.
Sebastián escuchó sin interrumpir, como si cada palabra le confirmara algo.
“Mi hotel necesita personal de limpieza”, dijo al final. “Contrato legal, horario, todo en regla. Y hay apartamentos para empleados. Son pequeños, pero dignos.”
Lucía lo miró con desconfianza, porque la esperanza también asusta.
