“PERDÓNAME, HIJO, NO HAY CENA,” LLORÓ LA MADRE… UN MILLONARIO ESCUCHÓ Y LO QUE HIZO LA DEJÓ HELADA

“¿Por qué haría eso?”

“Porque necesito empleados”, respondió, y luego agregó, más bajo: “y porque ningún niño debería vivir en un auto.”

Al día siguiente Lucía volvió. La gerente, Patricia Méndez, le hizo una entrevista normal, sin morbo. A los tres días, Lucía y Mateo entraban por primera vez a un departamento con ventanas de verdad. Mateo corrió por los ambientes como si estuviera descubriendo un planeta.

“¿Es nuestro, mami? ¿De verdad?”

“Sí, mi amor… es nuestro.”