“PUEDO ARREGLAR ESTO”, DIJO LA CHICA POBRE – EL MILLONARIO SE RÍO… HASTA QUE UN MOVIMIENTO CAMBIÓ TODO…

—Hace tres días arreglaste en minutos un problema que hubiera dejado parado a mi chofer, a mí y a cualquier mecánico promedio. No me preocupa que tú no seas suficiente. Me preocupa si yo seré digno de acompañar tu camino.

El silencio se hizo pesado. María caminó hasta la ventana, mirando la calle que conocía tan bien. Pensó en las noches trabajando tres turnos, en la niña haciendo la tarea a la luz del pasillo cuando no podían pagar la electricidad. Pensó en las veces que Harper arregló gratis cosas de los vecinos porque “no tienen para pagar un técnico, abuela”.

—Lo que ofrece suena hermoso —dijo al fin—, pero también suena frágil. ¿Qué pasa cuando usted se canse o pierda interés? No podemos permitir que la esperanza se convierta en otra deuda que no podemos pagar.

Wid se puso de pie.