“PUEDO ARREGLAR ESTO”, DIJO LA CHICA POBRE – EL MILLONARIO SE RÍO… HASTA QUE UN MOVIMIENTO CAMBIÓ TODO…

El millonario rodó los ojos, subió al asiento de cuero, giró la llave… y el motor rugió suave, parejo, como si nada hubiera pasado. El vapor desapareció. Todos los indicadores se pusieron en verde. En la calle, el murmullo se apagó. Ya nadie se reía.

Wid se quedó unos segundos sin moverse, mirando el tablero con incredulidad. Luego bajó del coche, pero ya no con soberbia, sino con algo nuevo en la mirada: desconcierto… y respeto.

—¿Cómo…? —murmuró.

Harper se encogió de hombros.