QUÉ HARÍAS SI EL “VIEJITO GRUÑÓN” AL QUE LE SIRVES CAFÉ TODOS LOS DÍAS RESULTA SER UN MULTIMILLONARIO QUE TE DEJÓ TODO EN SU TESTAMENTO?

Volver al café como dueño fue surrealista. Tony estaba pálido; Denise no sabía si escupirme o pedirme un aumento. Les dije la verdad: nada iba a cambiar, excepto que ahora todos tendrían un sueldo digno y que por fin arreglaríamos el aire acondicionado que nos tenía sudando como pollos rostizados. Pero mi mente estaba en otro lado. Teodoro me había dejado una carta privada y una llave de bronce.

La llave abría su oficina privada en un departamento en Polanco. Al entrar, me encontré con un museo personal. Pinturas de artistas famosos, pero lo más importante: una pared llena de fotos y notas. Teodoro había estado investigando a su nieto Justin, documentando cómo se gastaba la fortuna familiar en apuestas y negocios fraudulentos. Y en medio de todo, había una foto mía sonriendo en el café. “Él tiene el corazón de Margarita”, decía una nota. Margarita era su difunta esposa, quien siempre quiso un restaurante donde la gente fuera familia.

Entendí que Teodoro no me dio el dinero por caridad. Me lo dio porque yo era el único que podía proteger el verdadero legado de su esposa de las garras de su nieto. Justin no quería el café; quería vender todo para pagar sus deudas de juego. Pero Teodoro me había dejado un arma: una sola acción de la empresa matriz, Lancaster Enterprises, que me daba el derecho legal de asistir a la junta de accionistas.

CAPÍTULO 6: El León en la Selva de Cristal