Tenemos un acuerdo preliminar con un proveedor alemán. Nadie entiende bien la cláusula de confidencialidad porque el traductor externo mandó algo incompleto. A ver, ya que sabes tantos idiomas, léelo. Empujó el folder hacia ella con un pequeño toque de burla. Marisol lo abrió con cuidado.
Sus dedos rozaron el papel grueso y el olor a tinta fresca le recordó las noches de biblioteca donde aprendió alemán pronunciando palabras en voz baja para no despertar a los guardias. Leyó. Dos líneas bastaron para que levantara el rostro. Esto está mal, dijo, clara como una campana. Lo que enviaron no es confidencialidad, es una cláusula que los libera de responsabilidad.
Si el producto falla, si firman eso, ustedes cargan con todo el riesgo legal. La boca de Pilar se abrió en shock. ¿Estás segura? Marisol repitió la frase en alemán con ritmo y precisión. La sala quedó en silencio, un silencio distinto al inicial. Este tenía filo, peso, consecuencias.
