“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Su mente cambió de canal, como si un interruptor interno la colocara en otro idioma sin esfuerzo. Eso no dice ajuste financiero, señora  interrumpió con suavidad. Dice aditamento obligatorio. Pilar levantó la vista sorprendida. ¿Cómo lo sabes? ¿También hablas portugués? Marisol asintió con timidez.

 

Lo aprendí mientras trabajaba en una cafetería en Ciudad de México. La dueña era de Recife, me prestó libros y me enseñó canciones. El joven de corbata roja se rió por lo bajo, incrédulo,  pero esta vez no con burla, sino con una mezcla de asombro y respeto.  ¿Es en serio?, preguntó.

 

¿Cuántos idiomas dijiste que hablabas? Nueve, respondió ella respirando con más seguridad que antes.  Don Esteban bufó. Idiomas o no significa que sepa de negocios. Soltó ya más irritado que escéptico. Pilar volvió  al documento y Marisol, apenas viendo de reojo, completó la frase en portugués con precisión casi perfecta.