El sobre rojo quedó en el centro de la mesa como un objeto prohibido. Ningún ejecutivo se atrevía a tocarlo. Don Esteban lo había arrojado con una precisión casi teatral, sabiendo exactamente qué efecto produciría. Marisol lo observó sin mover un músculo. Sentía el pulso en la garganta, pero también una claridad que antes no tenía.
Ábrelo”, ordenó don Esteban regresando a su asiento con un aire de desafío. Marisol extendió la mano. Sus dedos temblaron apenas al levantar la solapa del sobre. Dentro encontró un documento grueso lleno de sellos, frases subrayadas y anotaciones apresuradas en distintos colores.
“Ese”, dijo él recargándose hacia atrás. “Es el acuerdo de cooperación internacional que llevamos meses intentando destrabar. Nos lo mandaron desde nuestra oficina en Bélgica, pero contiene aportes de cinco países distintos. Ninguno de mis gerentes logró interpretarlo por completo. Los ejecutivos guardaron silencio.
No era un simple desafío, era un mensaje. Aquí fracasan profesionales con maestrías. Veamos qué hace la muchachita de limpieza. Marisol acomodó el papel frente a ella. Lo primero que vio fue un encabezado en francés. Después, párrafos en neerlandés, notas al margen en inglés, cláusulas en español y correcciones en alemán.
