“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

Iba comparando, subrayando, murmurando pequeñas frases que cambiaban de idioma  con la misma naturalidad con la que otras personas respiran. A los 10 minutos, el joven de la corbata roja apareció mirando por encima de su hombro. Oye,  dijo, ¿todo eso lo haces de memoria? No, de memoria, respondió  ella sin levantar la vista. De práctica.

 

Es impresionante. Se quedó un momento más observando como ella ajustaba una frase en neerlandés.  ¿Puedo? Señaló el  asiento frente a ella. Marisol dudó, pero asintió. No entiendo cómo logras cambiar de idioma así,  comentó él. A mí me cuesta hasta en español. Ella sonrió un poco.

 

Cuando aprendes sin profesores, sin cursos, sin viajes, solo escuchando y leyendo,  tu cabeza lo ordena como puede, pero te queda grabado. El joven jugueteó con su pluma. Tú no deberías estar limpiando. Esto es talento puro. Marisol levantó la vista.  Había algo honesto en su tono. A veces el talento no importa, murmuró.