“TRADUCE ESTO y te hago DIRECTORA”, se burló el millonario, pero la empleada no lo dejó terminar

 

A veces sí, señora, especialmente cuando esperan que falles. Pilar se marchó. El pasillo volvió a quedar en silencio. Marisol continuó leyendo en inglés, corrigiendo en francés y luego murmurando una frase en alemán para asegurarse de que no hubiera contradicciones. Era como bailar entre fronteras sin mover los pies.

 

A las 5 en punto apareció el joven de la corbata roja sosteniendo dos cafés.  “Uno para ti”, dijo avergonzado. “Del bueno,  no del de la máquina.” Marisol lo aceptó. Gracias. Me hacía falta. Él se sentó un segundo. ¿Sabes qué es lo peor?  Preguntó. Que Esteban no esperaba que llegaras ni a la mitad.

 

Marisol lo  miró fijo. Entonces tendré que llegar al final. Cuando él se fue, ella respiró hondo. Faltaba la última parte, la nota en neerlandés.  esa que todos habían pasado por alto. La leyó dos veces, tres,  hasta que un detalle la golpeó como un trueno. “Esto está mal traducido”, susurró.