A los 20 años mis padres me vendieron en matrimonio, pero en la noche de bodas descubrí su secreto

—Pero… yo no lo conozco —susurró.

—Es un buen hombre —insistió don Esteban—. Puede darte una vida segura… puede ayudarnos a todos.

Los ojos rojos e hinchados de su madre le dijeron la verdad: eso no era un matrimonio, era un trato.

La voz de Lucía tembló.

—¿Cuánto… ofreció?

Su padre tragó saliva.

—El equivalente a dos mil dólares —dijo en voz baja—. Una cantidad que no veremos nunca más.

A Lucía se le quebró el aliento. Era suficiente para sacar a la familia del hambre.

—Papá… —susurró, con el corazón partiéndose—, ¿me estás vendiendo?

El silencio de don Esteban fue la respuesta.