Aquella noche, mientras los sollozos apagados se filtraban a través de la puerta cerrada, algo se rompió dentro de Clara. Aún no sabía la causa, pero sabía que el miedo de Leo era real.
Cuando la casa finalmente se sumió en el sueño, Clara actuó.
Esperó a que las luces se apagaran, a que los pasos se desvanecieran y la mansión quedara envuelta en sus crujidos nocturnos. Sacó una pequeña linterna de su delantal y caminó hacia la habitación de Leo con el corazón latiendo con fuerza. Usando la llave maestra, abrió la puerta.
La escena le rompió el corazón.
