Sintió como si decenas de agujas atravesaran su mano. Jadeó y la retiró. A la luz de la linterna, pequeñas gotas de sangre aparecieron en su piel.
El miedo se convirtió en furia.
Dentro de esa almohada había una trampa.
Clara encendió la luz y salió al pasillo decidida.
—¡Señor James! —gritó—. ¡Tiene que venir AHORA!
Momentos después, James apareció corriendo, con Victoria justo detrás, fingiendo sorpresa. Clara no dijo nada más. Sacó unas tijeras de costura y rasgó la almohada.
Decenas de largos alfileres metálicos cayeron sobre la cama.
El silencio fue absoluto.
