—¿Es grave?
—Es serio, pero tratable… si se atiende ya.
El doctor revisó también los brazos de Ximena: encontró más tonos con forma de dedos.
—¿De esto te acuerdas? —preguntó.
Ximena asintió, apenas.
—Cuando me agarró para empujarme.
El doctor tomó fotografías clínicas y salió al pasillo con Alejandro.
—Señor Ramírez, tengo la obligación de reportar esto a las autoridades de protección infantil. La lesión deberá evaluarse el mismo día. Y ocultarla con vendas sucias por varios días es negligencia.
Alejandro sintió rabia, pero sobre todo alivio de que alguien más lo dijera con claridad.
—Haga lo que tenga que hacer. Yo solo quiero que ella esté bien.
Mientras llevaban a Ximena una ecografía, Alejandro llamó al 911 y pidió una patrulla para levantar un reporte formal. Poco después llegaron el inspector Hernández y la oficial Sofía Vargas. Alejandro contó todo: el regreso de Tokio, la prisa de Lorena, la confesión temerosa de Ximena, las vendas viejas, la fiebre.
¿Puede localizar a la madre? —preguntó Hernández.
