HIJO DEL MILLONARIO ERA SORDO DESDE QUE NACIÓ… HASTA QUE UNA NIÑA MENDIGA…

El pánico lo golpeó con violencia.

—¡Mateo! —gritó, corriendo a la calle— ¡Mateo!

Pero el nombre se perdió en el ruido que Mateo no podía oír. Y en pocos minutos, el niño estaba lejos, tragado por una ciudad enorme.

Mateo caminó intentando encontrar la heladería, pero todo parecía igual: puertas, esquinas, cuerpos pasando. Su corazón empezó a latir rápido. Intentó mirar a los rostros, pero nadie entendía su llanto silencioso. Se cansó. Se sentó en una banca de una pequeña plaza, con la mano pegajosa de helado derretido y los ojos rojos.

La gente pasaba. Algunos miraban. Nadie se detenía.

Hasta que una niña apareció.