HIJO DEL MILLONARIO ERA SORDO DESDE QUE NACIÓ… HASTA QUE UNA NIÑA MENDIGA…

Tenía unos seis años, cabello oscuro enredado, ropa gastada, pies descalzos. Su cara estaba manchada de tierra, pero sus ojos… sus ojos tenían una luz obstinada, como si la vida no hubiera logrado apagarla del todo. Se acercó despacio, como quien no quiere asustar.

Se sentó al lado de Mateo y le habló. Mateo la miró sin entender. La niña insistió, más fuerte, hasta que algo en su mirada cambió: comprendió que el problema no era que él no quisiera responder, sino que él vivía en otro canal.

Entonces dejó las palabras.

Hizo una mueca exagerada, se estiró las orejas, cruzó los ojos, infló las mejillas. Mateo, aún temblando, la observó. La comisura de su boca se movió apenas… como si recordara un músculo olvidado. La niña repitió la mueca con más entusiasmo. Mateo sonrió. Y esa sonrisa, pequeña pero real, fue como encender una lámpara en un cuarto oscuro.