HIJO DEL MILLONARIO ERA SORDO DESDE QUE NACIÓ… HASTA QUE UNA NIÑA MENDIGA…

La niña aplaudió, saltó en un pie, giró como trompo. Mateo soltó una risa silenciosa, pero clara en su rostro. Ella tomó su mano pegajosa, se llevó un dedo a la boca, puso cara de asco teatral y ambos se rieron más. Sin decir una sola palabra, la niña había logrado lo que en la mansión parecía imposible: que Mateo se sintiera entendido.

Después dibujó en la tierra con una ramita: una casa, un sol, un árbol. Le dio la ramita a Mateo. Él dudó, pero dibujó un círculo torcido. La niña lo celebró como si fuera una obra maestra. Mateo la miró como se mira a alguien que llega con agua cuando uno se está ahogando.

Carlos los encontró así, casi una hora después, sudado, desencajado. Corrió y abrazó a Mateo con fuerza, temblándole las manos.

—¡Dios mío, niño! —murmuró, sin poder controlar el alivio.