—Valiente es vivir tu vida con gente nueva entrando todo el tiempo, intentando ayudarte sin saber cómo… y aun así seguir aquí. Si me dejas, quiero aprender de ti. No para obligarte a hacer cosas. Para entenderte.
La cerradura hizo clic. La puerta se abrió apenas. Un ojo azul, rojo de llorar, miró a Cíntia como se mira una posibilidad peligrosa.
—¿No vas a intentar hacerme hacer cosas que no puedo? —preguntó Lara.
Álvaro sintió el golpe: su hija vivía rodeada de “no puedes”.
—No —respondió Cíntia, sin titubear—. Voy a intentar conocerte. Descubrir qué te gusta, qué te hace reír. ¿Cómo puedo ser una buena amiga?
“Amiga” fue una palabra rara en esa casa. Lara la repitió como si fuera un dulce que no se atrevía a morder.
