Cíntia lloraba.
—Porque nadie le explicó a su cuerpo que no podía —dijo—. Porque yo no miré el diagnóstico. Miré a Lara.
Álvaro se arrodilló junto a la cama.
—Perdóname… por no creerte.
Lara lo miró, agotada, y aun así llena de fuego.
—¿Me crees ahora?
