LA HIJA DEL MILLONARIO NUNCA HABÍA CAMINADO — HASTA QUE ÉL ATRAPÓ A LA NIÑERA IN FRAGANTI HACIENDO ALGO INCREÍBLE

—Yo sé que no es mala, señor. —Carla lo miró con una tristeza honesta—. Pero yo no soy psicóloga ni especialista. Ella necesita a alguien que entienda… su situación.

Esa palabra, “situación”, le cortó por dentro. Como si Lara fuera un problema administrativo. Como si el amor pudiera resumirse en un expediente.

—¿Cuánto tiempo puedes quedarte? —preguntó, intentando que su voz no sonara a súplica.

Carla apretó los labios.

—Solo hasta hoy. Mi supervisora ya me reasignó. Y… —titubeó— la agencia está pensando en ponerlos en la lista de clientes de alto riesgo.