LA NIÑA OYÓ A LOS GUARDIAS HABLAR EN RUSO Y ADVIRTIÓ AL MILLONARIO QUE NO ENTRARA A LA REUNIÓN

—No sé si quiero venganza o justicia —confesó.

Lorena pensó unos segundos.
—Tienes que proteger tu empresa, eso es claro —dijo—. Pero destruir a una persona no necesariamente te va a devolver la paz. A veces, dar una segunda oportunidad es lo más difícil… y también lo más valiente.

Las palabras le pegaron hondo. Alejandra le había dado una oportunidad el día que lo detuvo en el elevador. Lorena se la había dado cuando lo dejó entrar a su vida y la de su hija. Tal vez era hora de que él hiciera lo mismo con alguien que lo había traicionado.

Al día siguiente, en lugar de demandarlo, Felipe le ofreció un trato a Ricardo: que devolviera todo el dinero, renunciara a la empresa y desapareciera del negocio. No habría cárcel, pero tampoco segundas traiciones. Ricardo aceptó, avergonzado. Y Felipe aprendió que perdonar no es olvidar lo que te hicieron, sino decidir que eso no va a definir quién eres.