Al final, entendió que no podía decidir sin ellas. Una noche, cenando en la casa que ya compartían, les contó toda la verdad. Lorena escuchó en silencio, con el rostro tenso.
—Es una gran oportunidad —dijo al final, con voz controlada—. Deberías aceptarla.
—¿Y ustedes? —preguntó Felipe—. ¿Y nuestra vida aquí?
—Felipe… —Lorena caminó hacia la ventana—. No quiero ser la razón por la que renuncies a tus sueños. Si esto es lo que quieres, encontraremos la manera.
Él se acercó por detrás.
—Eso es justo lo que me pregunto —dijo en voz baja—. Si de verdad sigue siendo mi sueño. ¿De qué me sirve todo ese dinero si me pierdo cinco años de la vida de mi hija? —la palabra “mi” le salió natural—. Cuando volvamos, Alejandra tendrá quince. No voy a estar en sus años más difíciles. No voy a estar cuando me necesite.
Lorena lo miró a los ojos.
—¿Y te arrepentirías si no aceptas?
