Lo abrí.
Un cheque.
Por 80,000 euros.
Y una nota más pequeña:
“No es solo el dinero. Es mi manera de decirte que tu bondad me salvó la vida. Sin ti, yo no estaría aquí. Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hizo.”
Lo abrí.
Un cheque.
Por 80,000 euros.
Y una nota más pequeña:
“No es solo el dinero. Es mi manera de decirte que tu bondad me salvó la vida. Sin ti, yo no estaría aquí. Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hizo.”