Mi mejor amiga me pidió prestados 8,000 euros y desapareció. Tres años después llegó a mi boda en un coche de cien mil… y lo que encontré en su sobre me dejó sin aliento.

El mundo pareció ir en cámara lenta.
Todos nos miraban, pero yo solo la veía a ella.

Con los ojos llenos de lágrimas, Camila sonrió.

—Lo siento, Mariana. Tenía que devolvértelo el día más feliz de tu vida… para que el mío también tuviera sentido.

Nos abrazamos. Lloramos.