El mundo pareció ir en cámara lenta.
Todos nos miraban, pero yo solo la veía a ella.
Con los ojos llenos de lágrimas, Camila sonrió.
—Lo siento, Mariana. Tenía que devolvértelo el día más feliz de tu vida… para que el mío también tuviera sentido.
Nos abrazamos. Lloramos.
