Horas después, Jackson se sentó frente al abogado Thomas Sullivan, quien puso sobre la mesa un sobre manila sellado.
—Rebeca me hizo prometer que esto llegaría a la persona correcta —dijo Sullivan—. Contiene registros médicos, pruebas de ADN… y una carta para usted.
Jackson abrió el sobre con dedos torpes. Leyó. Y cada línea lo desarmó.
Olivia había tenido un embarazo secreto. Había dado a luz en una clínica privada. Había entregado a la bebé para ocultarla. Esa bebé era Emma.
Los papeles estaban allí: certificado de nacimiento, registros médicos, resultados claros. Emma y Noah compartían madre. Eran medio hermanos. Y una frase en la carta lo hizo sentir náuseas:
“No creo en coincidencias. Creo que Olivia ayudó a Jason Palmer… y que Noah murió para proteger secretos.”
Jackson salió del despacho como si le hubieran arrancado el aire. Si aquello era verdad, su hijo no solo había muerto: lo habían silenciado.
