“NO ENTRES A LA CASA, TU NOVIA TE TENDIÓ UNA TRAMPA” — GRITÓ EL NIÑO POBRE AL MILLONARIO…

—¿Es su hijo? —preguntó una vez.

—Era —corrigió Julián, con la voz trabada.

A veces, Mateo se revolvía entre pesadillas, murmurando cosas sobre gas, fuego, casas que respiran humo. Decía que soñaba cosas que luego pasaban, o que ya habían pasado pero de otra forma. Julián no sabía si creerle, pero esas palabras empezaban a resonar con algo que él llevaba enterrado: la noche del incendio donde perdió a su hijo, achacado a un “corto circuito” que nunca terminó de entender.

Mientras tanto, el ambiente con Verónica se enrarecía. Cada vez que veía al niño, su sonrisa se hacía más dura. Julián la observaba de reojo. Recordaba detalles que antes ignoraba: llamadas que cortaba al verlo, cambios de personal sin explicaciones, insistencia en controlar el mantenimiento de la casa.