“NO ENTRES A LA CASA, TU NOVIA TE TENDIÓ UNA TRAMPA” — GRITÓ EL NIÑO POBRE AL MILLONARIO…

—Llegas tarde —bromeó—.

—Estábamos jugando —respondió el chico, riendo—. Ganamos.

—Entonces —dijo él—, vamos a casa a celebrarlo.

Caminaron juntos, mientras el sol caía detrás de los edificios y el viento movía las hojas de los árboles. Julián apretó un poco más la mano del niño.

—¿Sabes? —murmuró—. Si aquella noche no hubieras golpeado el capó de mi coche, si no hubieras gritado que era una trampa… yo habría entrado a una casa que no era hogar. Y nunca habría encontrado este.

Mateo lo miró de reojo y sonrió.