“NO ENTRES A LA CASA, TU NOVIA TE TENDIÓ UNA TRAMPA” — GRITÓ EL NIÑO POBRE AL MILLONARIO…

 

El miedo le decía que se quedara escondido. Algo más profundo —tal vez la memoria de su madre diciéndole que no fuera cobarde— lo empujó a correr.

Salió disparado bajo la lluvia, con los charcos salpicándole los tobillos, repitiéndose una sola frase en la cabeza: “No puede entrar. Si entra, algo terrible va a pasar”.

A unas cuadras, vio cómo un auto negro se acercaba a la mansión. Faros encendidos, vidrios oscuros, una elegancia que desentonaba con la noche. Mateo se lanzó frente al capó y golpeó con las dos manos.

—¡Pare! ¡Pare, por favor!

El chofer frenó bruscamente, salió furioso y lo agarró del brazo.