“NO ENTRES A LA CASA, TU NOVIA TE TENDIÓ UNA TRAMPA” — GRITÓ EL NIÑO POBRE AL MILLONARIO…

—¿Estás loco, mocoso? ¿Quieres morir aplastado?

La puerta trasera se abrió. Un hombre de traje oscuro, rostro sereno y reloj brillante lo miró desde el interior. Mateo lo reconoció: lo había visto en vallas publicitarias, en revistas de la calle. Era Julián Herrera, el millonario del que todos hablaban.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó con voz fría.

Mateo temblaba, pero no retrocedió.

—No entre a la casa, señor, por favor. Escuché a unos hombres en su garaje. Su… su novia les pagó para que pareciera un accidente. Hablaron del gas, de las válvulas, de que usted iba a morir.